Estudió ingeniería química e ingeniería industrial en la Academia de Bellas Artes de Florencia. Se casó el
7 de agosto de
1834con Ester Mochi. Luego fue acusado de participar en una conspiración del
Movimiento de Unificación Italiana y fue encarcelado tres meses.
En octubre de
1835 Meucci y su esposa dejaron Florencia para nunca regresar. Emigraron al continente americano, parando primero en
Cuba donde Meucci aceptó un trabajo en el Gran Teatro de Tacón en La Habana. Luego en
1850, Meucci y su esposa emigraron a los
Estados Unidos, y llegaron a
Clifton (en
Staten Island,
Nueva York) donde Meucci vivió el resto de su vida.
En su nuevo hogar, Meucci fue siempre respetado como un prohombre de la comunidad italiana de Nueva York. Había levantado una fábrica de velas y acogía a cualquier italiano que necesitara un empujón.
Garibaldi pasó por casa de Meucci durante su periplo americano.
Alrededor del año
1875 Meucci construyó un
teléfono para conectar su oficina con su dormitorio ubicado en el segundo piso, debido al
reumatismo de su esposa. Sin embargo, carecía del dinero suficiente para
patentar su
invento, por lo que lo presentó a una empresa que no solo no le prestó atención, sino que tampoco le devolvió los materiales. Al parecer, y esto no está probado, dichos materiales cayeron en manos de
Alexander Graham Bell quien se sirvió de ellos para desarrollar su teléfono, que presentó como propio. El
11 de junio de
2002 el
Congreso de los Estados Unidos aprobó la resolución 269 por la que reconoció que el inventor del teléfono había sido Meucci y no Bell.
Meucci contra Bell[editar]
En
1860 Meucci saca a la luz su invento. En una demostración pública, la voz de un cantante es reproducida a una considerable distancia. La prensa italiana de
Nueva Yorkpublica una descripción del invento y un tal Sr. Bendelari se lleva a
Italia un prototipo y documentación para producirlo allí, pero no se vuelve a saber de él, como tampoco se materializa ninguna de las ofertas que surgen tras la demostración.
Meucci, en una situación económica precaria, se ve obligado a vender los derechos de sus otros inventos para sostenerse y a duras penas puede ir pagando los gastos de la patente del teléfono. Un accidente, la explosión del vapor Westfield, del que sale con severas quemaduras, obliga a su esposa a vender los trabajos de Antonio a un prestamista por 6 USD. Cuando, una vez repuesto, vuelve para recuperarlos la casa de empeño dice haberlos vendido a un hombre joven al que nunca se pudo identificar.
Meucci trabaja intensamente en la reconstrucción de su mayor invento, consciente de que alguien puede robarle la patente, pero incapaz de reunir los 250 USD que cuesta la patente definitiva, tiene que conformarse con un trámite preliminar de presentación de documentación que registra el
28 de diciembre de
1871 y que puede permitirse renovar sólo en
1872 y
1873.
En cuanto tiene el acuse de recibo de Patentes, vuelve a empeñarse en demostrar el potencial de su invento. Para ello, ofrece una demostración del
telégrafo parlante a un empresario llamado Edward B. Grant, vicepresidente de una filial de la
Western Union Telegraph Company. Cada vez que Meucci trataba de avanzar, se le decía que no había hueco para su demostración, así que a los dos años, Meucci pidió que le devolvieran su material, a lo que le contestaron que se había perdido.
En
1876,
Alexander Graham Bell registró una patente que realmente no describe el teléfono pero lo refiere como tal. Cuando Meucci se enteró, pidió a su abogado que reclamara ante la oficina de patentes de los
Estados Unidos en
Washington, algo que nunca sucedió. Sin embargo, un amigo que tenía contactos en Washington, se enteró de que toda la documentación referente al
telégrafo parlante registrada por Meucci se había perdido. Una investigación posterior puso en evidencia un delito de
prevaricación por parte de algunos empleados de la oficina de patentes con la compañía de Bell. En un litigio posterior entre Bell y Western Union, afloró que existía un acuerdo por el cual Bell pagaría a la Western Union un 20% de los beneficios derivados de la comercialización de
su invento durante 17 años.
En el proceso legal de
1886 tuvo que lidiar incluso contra sus propios abogados, presionados por el poderoso Bell. Pero Meucci supo hacer entender al juez que no cabía duda en cuanto a la autoría del invento registrado. A pesar de la declaración pública del entonces Secretario de Estado: “existen suficientes pruebas para dar prioridad a Meucci en la invención del teléfono", el gobierno de los Estados Unidos inició acciones legales por fraude contra la patente de Bell y el proceso fue embarrancado en el arenal de los recursos por sus abogados, hasta cerrarse con la muerte de Meucci en
1889.
El 11 de junio de 2002, el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los EE. UU. publica la Resolución Nº269 por la que se honra la vida y el trabajo del inventor italoestadounidense. En la misma se reconoce que fue más bien Meucci antes que Bell quien fue el inventor del teléfono. Reconoce además que demostró y publicó su invento en 1860 y concluye con un reconocimiento a su realización en dicha invención.
Véase también[editar]